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Acoger al forastero: un camino común

 

Acoger al forastero no solo es el tema de este 400 aniversario de la Familia Vicenciana. Es un valor fundamental de prácticamente todas las creencias. La llamada a “acoger al forastero” con nuestra protección y hospitalidad, y honrar al forastero o a las personas de otra fe con respeto e igualdad, está profundamente enraizado en todas las religiones mayoritarias.

La Familia Vicenciana comparte este camino común.

En diciembre de 2012, el Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Unidas, António Guterres, organizó un diálogo con líderes de diferentes credos, organizaciones humanitarias basadas en la fe, académicos y representantes de diversos países de todo el mundo con el tema “Fe y Protección”.

Como señaló el Alto Comisionado en su discurso de apertura,

… todas las religiones mayoritarias valoran los sistemas que abrazan la humanidad, el cuidado y el respeto, y la tradición de garantizar protección para quien está en peligro. Los principios de la actual ley del refugiado hunden sus raíces en estos antiguos textos y tradiciones.”

Al concluir este importante evento, el Alto Comisionado acogió la recomendación de la elaboración de un Código de Conducta para líderes religiosos para acoger migrantes, refugiados y otras personas que se han visto desplazadas por la fuerza, y permanecer unidos contra la xenofobia.

Como respuesta a esta llamada, de febrero a abril de 2013, una coalición de organizaciones humanitarias basadas en la fe y de instituciones académicas (que incluyen el HIAS, Islamic Relief Woldwide, Jesuit Refugee Service, Lutheran World Federation, Oxford Centre for Hindu Studies, Religions for Peace, University of Vienna Faculty of Roman Catholic Theology, World Council of Churches, World Evangelical Alliance and World Vision International), esbozaron “Acoger al extranjero: Afirmaciones para líderes de la fe”.

Las Afirmaciones a las que el título hace referencia, y que han sido traducidas al árabe, chino, francés, hebreo, ruso y español, inspiran a los líderes de todos los credos a “acoger al extranjero” con dignidad, respeto y apoyo afectivo. Los grupos de fe alrededor del mundo usarán estas Afirmaciones y recursos de apoyo como herramientas prácticas para llevar a cabo apoyo para los refugiados y otras personas desplazadas en sus comunidades.

ACNUR, la Agencia de los Refugiados de la Unión Europea, es una organización global dedicada a salvar vidas, proteger derechos y construir un futuro mejor para refugiados, comunidades desplazadas y personas sin estado.

ACOGER AL EXTRANJERO: AFIRMACIONES DE LÍDERES DE COMUNIDADES BASADAS EN LA FE
Un valor central de mi fe es acoger al extranjero, al refugiado, al desplazado interno, al otro.
Los trataré a ellos como quisiera ser tratado yo mismo.
E invitaré a los demás, incluidos los líderes de mi comunidad de fe, a que hagan lo mismo. 
Junto con los líderes de fe, las organizaciones religiosas y las comunidades de conciencia del mundo, afirmo: 
Acogeré al extranjero.
Mi fe enseña que la compasión, la misericordia, el amor y la hospitalidad, son para todos: el nacido en el país y el nacido en el extranjero, el miembro de mi comunidad y el recién llegado.
Recordaré y haré recordar a los miembros de mi comunidad que todos somos considerados “extranjeros” en algún lugar, que debemos tratar al extranjero en nuestra comunidad como quisiéramos ser tratados nosotros mismos, y que debemos desafiar la intolerancia.
Recordaré y haré recordar a otros en mi comunidad que nadie deja su hogar sin una razón: algunos huyen de la persecución, la violencia o la explotación; otros debido a los desastres naturales; y otros quienes motivados por el amor desean proveer una vida mejor a su familia.
Reconozco que todas las personas tienen derecho a la dignidad y al respeto debido a su condición de seres humanos. Todos en mi país, incluidos los extranjeros, están sujetos a las leyes del país, y nadie debe ser sometido a hostilidad o discriminación.
Reconozco que acoger al extranjero a veces requiere coraje, pero las alegrías y las esperanzas de hacerlo sobrepasan grandemente los riesgos y desafíos. Apoyaré a quienes practiquen con valentía en su cotidianeidad el acoger al extranjero.
Ofreceré hospitalidad al extranjero, puesto que ello trae bendiciones sobre la comunidad, sobre mi familia, sobre el extranjero y sobre mí.
Respetaré y honraré el hecho que el extranjero pueda tener una fe diferente o mantener creencias diferentes a las mías o a las de otros miembros de mi comunidad.
Respetaré el derecho del extranjero a practicar su fe con libertad. Buscaré crear espacios donde pueda ejercer su culto libremente.
Hablaré de mi propia fe sin menospreciar ni ridiculizar la fe de otros.
Construiré puentes entre el extranjero y yo. A través de mi ejemplo, animaré a otros a hacer lo mismo.
Haré un esfuerzo no solo para acoger al extranjero, sino también para escucharle en profundidad, y para promover el entendimiento y la acogida en mi comunidad.
Me manifestaré por la justicia social para el extranjero, así como lo hago para los otros miembros de mi comunidad.
Cuando vea hostilidad hacia el extranjero en mi comunidad, sea en palabras o en hechos, no la ignoraré sino que me empeñaré en establecer un diálogo y facilitar la paz.
No me mantendré callado cuando vea a otros, incluso líderes de mi comunidad de fe, hablar mal de los extranjeros, juzgándolos sin conocerlos, o cuando vea que éstos son excluidos, maltratados u oprimidos.
Animaré a mi comunidad de fe a trabajar con otras comunidades de fe y organizaciones religiosas para encontrar mejores maneras de asistir al extranjero.
Acogeré al extranjero.
Principios fundacionales
La llamada a “acoger al extranjero”, a través de la protección y la hospitalidad, y a honrar al extranjero y a las personas de otra fe con respeto e igualdad, está profundamente arraigada en todas las religiones principales.
En los Upanishads, el mantra atithi devo bhava o “el huésped es como Dios” expresa la importancia fundamental de la hospitalidad en la cultura hindú. En el Dharma, o Ley hindú, son centrales los valores de karuna o compasión, ahimsa o no – violencia hacia todos, seva o voluntad de servir al extranjero y al huésped desconocido. Dar comida y hospitalidad al extranjero en necesidad era un deber tradicional del dueño de una casa y es practicado todavía por muchos. De manera más amplia, el concepto de Dharma comprende la tarea de hacer el propio deber, que incluye una obligación hacia la comunidad que debe ser llevada a cabo respetando valores como la no-violencia y el servicio desinteresado por el bien común.
El Tripitaka subraya la importancia de cultivar cuatro estados de la mente: metta(cariñosa amabilidad), muditha (alegría empática),
upekkha (ecuanimidad) y karuna (compasión). Hay muchas tradiciones diferentes en el budismo, pero el concepto de karuna es un mandato fundamental en todas ellas. Incluye las cualidades de tolerancia, no discriminación, inclusión, y empatía por el sufrimiento de otros, que refleja el papel central que la compasión tiene en otras religiones.
La Torah hace treinta y seis referencias a honrar al “extranjero”. El libro de Levítico contiene una de las afirmaciones más prominentes de la fe judaica: “El extranjero que reside con ustedes será como uno de sus ciudadanos para ustedes, lo amarán como a sí mismos, pues ustedes fueron extranjeros en la tierra de Egipto” (Lev 91:33-33). Además, la Torah manda que “no oprimirán al extranjero, pues conocen su alma, habiendo sido ustedes extranjeros en la tierra de Egipto”. (Éxodo 33:1)
En el Evangelio de Mateo (25:35) oímos la llamada: “Estaba hambriento y me diste de comer, estaba sediento y me diste de beber, era extranjero y me acogiste…” Y en la Carta a los Hebreos (93:9-2) leemos: “Dejen que el amor mutuo continúe. No dejen de mostrar hospitalidad a los extranjeros, pues gracias a ella algunos han cuidado ángeles sin saberlo”.
Cuando el profeta Muhammad huyó de la persecución en La Meca, buscó refugio en Medina, donde fue acogido con hospitalidad. La hijrah, o migración, del Profeta simboliza el movimiento desde tierras de opresión, y el tratamiento hospitalario encarna el modelo islámico de protección a los refugiados. El Sagrado Corán insta a la protección del solicitante de asilo, o al-mustamin, sea
 musulmán o no, cuya seguridad es irrevocablemente garantizada bajo la institución del Aman (la provisión de seguridad y protección). Como indica el Sura Al anfál, “Quienes les dieron refugio y auxilio, ésos son los creyentes de verdad. Tendrán perdón y generoso sustento.”(8:43)
Hay decenas de millones de refugiados y desplazados internos en el mundo. Nuestra fe nos exige
recordar que todos somos migrantes en esta tierra, viajando juntos en la esperanza.
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