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Ver las necesidades fisiológicas de los Pobres

En la conmemoración de los 400 Años del nacimiento del Carisma Vicentino, siguiendo las huellas de Vicente de Paúl, es preciso estar atento a las necesidades materiales de los Pobres.

Vicente de Paúl decía: “Se haya alguien entre nosotros que piense estar en la Misión para evangelizar los Pobres y no para socorrerlos, para remediar sus necesidades espirituales y no sus necesidades materiales, respondo que debemos asistirlos y hacerlos asistir de todas las maneras” (Coste XI,393).

Para nosotros, Vicencianos, no hay límites de separación entre lo que es material y lo que es espiritual. Es preciso tener una fe solidaría para con los Pobres. Quien prioriza la dimensión espiritual y se olvida o abandona la dimensión material, ciertamente no está insertado dentro del carisma Vicenciano. Todo lo que hacemos debe ser para el bien de los Pobres.

Vivimos en una sociedad en que predominan relaciones de dominación, competición y utilitarismo. Estas relaciones repercuten en exclusión social, pobreza y miseria. Los Pobres son los más afectados. Son condenados a vivir en medio de esas relaciones, luchando por la simple supervivencia biológica. Las necesidades fisiológicas están relacionadas con el funcionamiento del cuerpo humano; son las que posibilitan la manutención de la vida. Por eso estas son primarias, fundamentales. Un ejemplo de esta categoría es la alimentación, comprendiendo el agua y la comida de calidad. El agua potable corresponde a toda agua disponible en la naturaleza destinada al consumo y posee características y substancias que no ofrecen riesgos para los seres que la consumen como animales y el ser humano.

En el mundo subdesarrollado cerca de 50% de la población consume agua contaminada, o sea, existen actualmente cerca de 1,1 billones de personas que no tienen acceso al agua potable. En el mundo, miles mueren a consecuencia del consumo de agua contaminada. En los sitios donde no existe agua tratada, puede haber dos soluciones: la primera es motivar a las personas para una movilización reivindicatoria para obtener ese derecho. La segunda solución, como una acción de emergencia, se debe orientar a las personas para purificar (Hervir) el agua antes de beber.

La falta de alimento siempre fue y continúa siendo la grande herida de la humanidad. El hambre es la escasez de alimentos que, en general, afecta parte del mundo y a las personas en concreto. Se estima que más de 1 billón de personas pasan hambre en el mundo. Esas necesidades son, en última instancia, directamente relacionadas, con los bienes materiales. Hay los recursos necesarios y suficientes para superar las necesidades de alimentación, pero son muchos que quedan sin opción de escoger. Son marginados y en las periferias de una calidad de vida. Por eso, estamos llamados a responder a sus necesidades espirituales, sí; pero acompañadas de acciones por mejorar sus necesidades.

 

Mizael Donizetti Poggioli – CM

 

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