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Traslación de las Reliquias ayer y hoy

La historia de la traslación de las Reliquias de Vicente de Paúl sucedió así: el cuerpo de San Vicente de Paúl quedó escondido por un largo período de tiempo. Desde la Revolución Francesa en 1789, el cuerpo quedó guardado en un escondrijo. Se temía que pudiera desaparecer o ser destruido. El tiempo pasó más de cuarenta años y el 25 de abril de 1830, el Arzobispo de Paris, Hyacinthe-Louis de Quélen (1821-1839), hizo transportar la reliquia de la Catedral a la Capilla de la Casa Madre de los Misioneres Vicencianos (Lazaristas), a la Calle de Sèvres, 95, donde se encuentra hasta nuestros días. La urna está colocada en un sitio elevado, posibilitando ser visibilizado y permitiendo el acceso, por medio de escaleras que permiten la llegada de los fieles hasta al lado del cuerpo. Aunque la ceremonia haya sido realizada el día 25, la fiesta de la trasladación de las reliquias se conmemora el día 26 de abril. Santa Catarina Labouré, quien tuvo la visión de la Medalla Milagrosa, estuvo presente. La Trasladación de las Reliquias de San Vicente, tanto ayer como hoy,  nos puede descubrir las siguientes propuestas:

  1. Vicente de Paúl es reconocido por la Iglesia como “Padre de los Pobres”. Reconocido como el mediador de la manifestación divina para con los excluidos. Cuando, en Francia, “era común dar la espalda a los que yacían de hambre y de frío, cuando se repudiaban los niños porque eran fruto de una unión irregular, cuando el amor a Dios era pretexto para distanciarse del hermano que sufría, Vicente de Paúl extendió los brazos para abrazarlos e hizo del Pobre el sitio de encuentro con Dios. Él comprendió que cerrar los ojos delante del prójimo lo convierte en ciego también delante de Dios. Impulsado por el Espíritu Santo, atendió a las señales de la Divina Providencia, Vicente de Paúl fue revelador del amor de Dios; y del Dios del amor para con todas las formas de pobreza existentes en la época”.
  2. Vicente de Paúl es conocido como el “Santo de la Caridad”. La Caridad es la esencia del Proyecto de Dios en todos los tiempos. Es por medio de ella que se abren los caminos para Dios. La Caridad es la acción dirigida para el “otro Pobre”, el prójimo, según las orientaciones de Dios. Concluimos con un pequeño texto de Vicente de Paúl que dice que muchas personas “se contentan con sus agradables coloquios con Dios mientras rezan; hablan con Dios como si fuesen ángeles; pero, al salir de allí, si se necesita trabajar para Dios, así exija sufrimiento, cuando se habla que es preciso instruir los Pobres…, ya no hay nadie. No nos engañemos: toda nuestra obra consiste en la acción” (Coste XI,40-41).

Hoy, en la conmemoración de los 400 Años del Carisma Vicenciano, no solo estamos llamados a “trasladar el cuerpo” de Vicente de Paúl, sino que, estamos llamados a “trasladar su espíritu”. Trasladar su espíritu en las “capillas” de las periferias del mundo, en el mundo de los excluidos, en los campamentos de refugiados, en los sitios donde el hambre y el desespero asolan a millares de seres humanos. Trasladar el espíritu de Vicente de Paúl a millares de personas que, aun tengan una “Vida Consagrada” viven ajenos a los acontecimientos que hieren a cada instante la dignidad humana.

Como Vicente de Paúl, en nuestros días, se hace necesario despertar una voz profética fundamentada en la Caridad/Justicia, en la Evangelización/Servicio.

Mizael Donizetti Poggioli – CM

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