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Lectio Vicentina: Unir nuestra voluntad con la de Dios. El fin de la Vocación Vicentina.

  • Momento de Comprender:

Numerosos vicencianólogos han utilizado la expresión del famoso ensayista, literato y poeta jesuita Henri Bremond (1865-1933) quien tuvo la claridad de afirmar que “no son los pobres los que llevaron a Vicente de Paúl a Dios, sino que fue Dios quien llevó a los pobres a Vicente de Paúl”. Tal expresión, cristaliza la esencia del camino espiritual de un santo, quien, incluso en sus participaciones políticas más insignes como el Consejo de Conciencia de la Reina Ana de Austria (1643-1652) y la Intervención durante la Fronda (1648 – 1653), nunca perdió el norte de su llamado que no era la construcción de un proyecto sociológico sino ante todo hacer la voluntad de Dios.  

¿Qué entendió San Vicente por hacer la voluntad de Dios? Mucho podríamos escribir al respecto, pero para lo que nos interesa en este momento podemos decir que el santo relacionó voluntad de Dios con dos conceptos más: perfección y felicidad.

Tras la confesión de un hermano de la misión que ha caído en el activismo y ha dejado la oración comunitaria por las muchas ocupaciones dice en una de sus conferencias el 17 de octubre de 1655:

La perfección no consiste en éxtasis, sino en cumplir bien la voluntad de Dios. ¿Qué es la perfección? Me parece que quiere decir una cosa a la que no le falta nada… Pues bien, ¿quién será el más perfecto de entre los hombres? Será aquel cuya voluntad sea más conforme con la de Dios, de forma que la perfección consiste en unir nuestra voluntad con la de Dios hasta tal punto que la suya y la nuestra no sean, propiamente hablando, más que un mismo querer y no querer; el que más sobresalga en este punto, será el más perfecto… (XI 211-212).

Veinticinco años antes, cerca del año 1630, incluso antes de la Fundación de las Hijas de la Caridad, le responde una carta a Luisa de Marillac:

Yo conservaré en mi corazón las que me escribe de su generosa resolución de honrar la adorable vida oculta de Nuestro Señor, tal como le dio Nuestro Señor deseos desde su juventud ¡Oh mi querida!  ¡cómo indica este pensamiento la inspiración de Dios y cuan alejado está de la carne y de la sangre! ¡Animo! ¡esa es la posición que le corresponde a una hija querida de Dios! Manténgase en ella, señorita, y resista animosamente a todos los sentimientos que le lleguen contrarios a éste, y esté segura de que estará por este medio en el estado que Dios le pide para hacerla pasar a otro, para su mayor gloria, si así lo juzga oportuno: si no, esté siempre segura de que hará incesantemente la voluntad de Dios en éste, que es el fin al que tendemos y al que han tendido los santos y sin el que nadie puede ser feliz. (I, 150).  

El sueño de todo ser humano, la felicidad y el deseo de Dios para los hombres, sed perfectos (Mt 5, 48), se conjugan en el doble rostro de la moneda que encontró Vicente para apostar su vida y la de sus seguidores: cumplir bien la voluntad de Dios.

De esta forma, el carisma vicentino encuentra el constante llamado a renovarse en cada época, hoy como hace cuatrocientos años el primer desafío y la única garantía de para ser fieles a la misión es unir nuestra voluntad con la de Dios como lo entendió San Pablo (Gal 2, 20), lo vivió San Vicente de Paúl y lo encarnó Santa Luisa de Marillac.

Finalmente, cabe recordar que San Vicente dejó en las Reglas Comunes de la Congregación de la Misión (II, 3) cuatro pasos que podemos interpretar como herramientas para unir nuestra voluntad con la de Dios:

  1. Hacer debidamente lo mandado y evitar lo prohibido. (Obediencia)
  2. Ejecutar indiferentemente los servicios que nos pone la divina Providencia, prefiriendo los que no nos agradan. (Mortificación e indiferencia)
  3. Recibir con ánimo todas las cosas como venidas de Dios como aflicciones o consuelos, corporales o espirituales. (Abandono en manos de la Providencia)
  4. Hacer las cosas con el único fin de agradar a Dios e imitar a Jesús. (Purificar nuestras motivaciones)
  • Momento de Contemplar:

Para la contemplación de esta quinta Lectio Vicentiana proponemos tener una imagen o un cuadro de Santa Luisa de Marillac. Contemplemos la Vida de aquella mujer y su camino de perfección y felicidad.

  • ¿Qué entendió Santa Luisa por “ser perfecta”? ¿Cómo se distingue el concepto de perfección vicentino del concepto de egoísta y altruista de perfección que hoy se nos ofrece con facilidad?
  • ¿Cómo llegó a ser feliz aquella mujer después de vivir en desolación por mucho tiempo?

 

  • Momento de Meditar:

Con Luisa de frente, y recordando los cuatro pasos para hacer la voluntad de Dios meditemos unos minutos sobre nuestra vida: ¿Cómo intento vivir la voluntad de Dios? ¿En qué me ayudan los cuatro pasos de San Vicente?

  • Momento de Comprometernos:

Continuando con el árbol del compromiso, el fruto que proponemos para este quinta Lectio nos parece que puede ser muy personal. Ubicándonos en uno de los cuatro pasos vicentinos para hacer la voluntad de Dios dejemos que cada quien pueda hacer un compromiso libre, una vez que ha revisado su vida y se siente invitado a dar un paso más hacia la perfección y la felicidad: ¿A qué me comprometo durante este Jubileo por los 400 años del carisma vicentino?

Rolando Gutiérrez C.M.

Vice- Provincia de Costa Rica.

 

 

ORACIÓN PARA EL AÑO JUBILAR DEL

400 ANIVERSARIO DEL CARISMA VICENTINO.

Señor, Padre Misericordioso,
que suscitaste en San Vicente de Paúl
una gran inquietud
por la evangelización de los pobres,
infunde tu Espíritu
en los corazones de sus seguidores.
Que, al escuchar hoy
el clamor de tus hijos abandonados,
acudamos diligentes en su ayuda
“como quien corre a apagar un fuego”.
Aviva en nosotros la llama del carisma
que desde hace 400 años
anima nuestra vida misionera.
Te lo pedimos por tu Hijo,
“el Evangelizador de los pobres”,
Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

 

 

 

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