Superior General: Carta sobre la Formación Continua

Fiel a la voluntad de los Visitadores, y contando con el apoyo unánime de mi Consejo, les escribo a todos y a cada uno de ustedes para reflexionar profundamente sobre la importancia de la formación permanente en su vida personal, así como en la vida de la comunidad local, en su provincia, y en toda la Congregación.

18 de febrero de 2008
Fiesta de San Francisco Regis Clet

A todos los miembros de la Congregación de la Misión

Queridos Hermanos en San Vicente de Paúl

¡Que la gracia y la paz de Nuestro Señor Jesucristo llenen vuestros corazones ahora y siempre!

Me gustaría hacerles una pregunta: ¿Qué pueden esperar los pobres de nosotros?

¿Podrían esperar que fuésemos rutinarios, sin interés, hombres sin inspiración, satisfechos con lo que sabemos y con nuestro modo actual de trabajar? ¿Podrían los pobres esperar más de los seguidores de San Vicente de Paúl?

Ya conocen mi respuesta. Hago las preguntas para que sepan adonde quiero ir. Ninguno de nosotros negará, estoy seguro, que el pobre podría esperar más de los Vicencianos. Ellos han oído hablar de nuestro Fundador. Les ha impresionado su visión. Han escuchado cómo encontró medios creativos para devolverles la esperanza. Él les ha mostrado el amor de Dios.

Hermanos míos, forma parte de nuestra vocación Vicenciana que también nosotros seamos creativos y originales en nuestro servicio a los pobres. No podemos hacer menos. La clave de nuestra propia renovación permanente y de nuestro ministerio es la formación continua.

Fiel a la voluntad de los Visitadores, y contando con el apoyo unánime de mi Consejo, les escribo a todos y a cada uno de ustedes para reflexionar profundamente sobre la importancia de la formación permanente en su vida personal, así como en la vida de la comunidad local, en su provincia, y en toda la Congregación.

En México, nuestro debate sobre la importancia de la formación Vicenciana nos llevó a formular claramente que nosotros, somos nuestros mejores recursos; no hay otros mejores. Por consiguiente estamos obligados moralmente a hacer todo lo que esté en nuestras manos para asegurar que a todos y cada uno de los misioneros de la Congregación de la Misión se les da la oportunidad de prepararse sobre una base permanente para ser fieles a nuestra misión de seguir a Jesucristo, evangelizador de los pobres. Como establece el Artículo 2 de nuestras Constituciones: “Supuesto este fin, la Congregación de la Misión, atendiendo siempre al Evangelio, a los signos de los tiempos y a las peticiones más urgentes de la Iglesia, procurará abrir nuevos caminos y aplicar medios adaptados a las circunstancias de tiempo y lugar, se esforzará además por enjuiciar y ordenar las obras y ministerios, permaneciendo así en estado de formación continua.

Hermanos míos, las Constituciones lo dicen claramente. Estamos llamados a vivir en un estado de renovación continua, personal y comunitariamente, para responder fielmente al Evangelio, a los signos de los tiempos y a las peticiones de la Iglesia. Más aún, nuestros señores y maestros merecen lo mejor de nosotros.

Haríamos bien en ser fieles si no queremos oír palabras semejantes a las que fueron escritas a la Iglesia de Laodicea: “Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca.” (Apoc. 3:15-16) Nuestras Constituciones son cuestión de derechos y obligaciones. Si las vivimos fielmente y permitimos que nos formen y renueven, seremos capaces de vivir nuestro carisma Vicenciano con vitalidad y gozo.

En la síntesis del Encuentro Internacional de Visitadores, se reflexionó sobre ciertos aspectos básicos de la formación Vicenciana. Me gustaría destacar estos aspectos.

1. Perspectivas fundamentales para la formación permanente Vicenciana: Cultivar nuestra vocación misionera

El seguimiento de Cristo, evangelizador de los pobres, constituye el eje principal de la formación Vicenciana. Nuestra identidad como misioneros no se nos da una vez por todas; más bien es el resultado de nuestra relación diaria con Cristo, con la comunidad a la que pertenecemos, con el mundo, y con los pobres. Estamos convencidos de que la formación no es un estado adquirido sino más bien un camino: la formación inicial es una introducción a este camino que dura toda la vida.

2. Los objetivos que hay que conseguir en la formación permanente

El primer objetivo de la formación permanente es la santidad que corresponde a la vida del misionero. (RC C.I, nº 3) Unido a este objetivo fundamental está el crecimiento continuo en el ámbito humano y profesional, que lleva al misionero a adquirir una capacidad aún más profunda para relacionarse con otros y una competencia en la proclamación de la Palabra y en la práctica de la caridad. Como se ha dicho anteriormente, el misionero Vicenciano está llamado por consiguiente a estar siempre en sintonía con los tiempos, a sentirse íntimamente afectado por lo que acontece en su entorno, sabiendo discernir en los acontecimientos diarios la misión a la que Dios le llama. Esto le lleva, en fidelidad al evangelio, a adaptar su propio ministerio a las necesidades reales de la gente, aprendiendo a ser flexible y creativo en su apostolado.

3. Los niveles operativos de la formación permanente

  • A nivel personal, el misionero asume la responsabilidad de su formación continua; no puede delegarla o hacerse sustituir por otra persona o estrategia. En las distintas etapas de nuestra vida (juventud, adultez, madurez y edad avanzada), y en cualquiera de los ministerios que ejerzamos, todos los misioneros tenemos que cultivar la disciplina constante de la formación permanente.
  • A nivel local, la comunidad constituye el contexto principal de la formación en la que cada misionero es retado constantemente a crecer.
  • A nivel provincial, el Visitador está llamado a crear, donde no exista, la Comisión para la Formación Permanente, capacitándola para que ayude al desarrollo de la motivación personal sobre la importancia de la formación permanente en todos los misioneros.
  • A nivel de Conferencias de Visitadores y Provincias, hoy son indispensables encuentros de formación, intercambios y evaluaciones,
  • A nivel de la Congregación, es necesario desarrollar algunas líneas de formación específica Vicenciana (Ratio Formationis, Guía Práctica para la formación permanente o Líneas de Acción).

4. Obstáculos encontrados en la formación permanente

En el camino de la formación, el misionero encuentra, a lo largo de su vida, muchos obstáculos, comenzando por los que se manifiestan a nivel personal, tales como la debilidad de la dimensión espiritual, la pereza intelectual, la falta de interés por la lectura y el estudio, el abuso de los medios de comunicación (Internet), el pragmatismo apostólico que no deja espacio para una reflexión atenta y constante sobre los signos de los tiempos, y el individualismo en los ministerios que se deja llevar por el deseo de la realización personal.

A nivel comunitario, los obstáculos asumen la forma de un cambio a valores y estilo de vida burgueses, falta de proyectos de formación y planes concretos operativos, dificultad en la relación de unos con otros de forma responsable y madura, y distancia con los pobres que hace proporcionalmente difícil el conocimiento de su realidad.

Finalmente, a nivel cultural, los principales obstáculos en la formación permanente incluyen aspectos como el consumismo, el fundamentalismo, el relativismo, el debilitamiento de la verdad, etc. Todo esto contrasta con el vivir, buscar y testimoniar la verdad con sencillez y humildad que constituyen los primeros pasos en el seguimiento de Cristo.

5. Los valores de la formación permanente

La formación permanente, volviendo a las fuentes que la nutren, revisando y actualizando las herramientas recibidas en la formación inicial, mantiene vivo el carisma Vicenciano, lo profundiza, lo perfecciona y lo reinterpreta de cara a los nuevos retos.

La formación permanente es parte importante de la ayuda a perfeccionarnos en el arte de amar a los pobres. Al mismo tiempo, la formación permanente nos proporciona herramientas necesarias para compartir, de manera auténtica., el amor de Dios con todos

Encarezco a cada uno de ustedes individual y comunitariamente que cumplan lo que está escrito aquí, y particularmente los objetivos señalados. Sé que en muchas provincias existe ya el reconocimiento de la importancia de la formación permanente para los misioneros de todas las edades. Me ha impresionado mucho el número de programas que se han creado para que los misioneros puedan estar adecuadamente preparados para la misión que se les ha confiado. Por otra parte, las consecuencias de una falta de formación permanente son nefastas Y quienes más las sufren son los pobres a los que estamos llamados a servir.

La formación permanente, cuando se hace bien, sólo puede mejorar la calidad de nuestra misión. Con relación al tema de la formación permanente, el número de Vincentiana 2007,3 está dedicado a los contenidos de la reunión de México. Allí encontrarán la presentación que proporcionó el fundamento para la reflexión de los Visitadores, así como el proceso que señaló el camino a seguir en ella y los resultados de ese camino como aparecen en el resumen que presentaron los que sintetizaron las ideas de los grupos.

Les pido a todos ustedes reflexionar seriamente sobre lo que dicen nuestras Constituciones y Estatutos acerca de la formación permanente. Acepten lo reflexionado como un reto para una fidelidad creativa cada vez mayor. Además de C 2 ya mencionado, les pido que reflexionen y oren C 25 § 2; S 42; C 77 § 1 y § 2; C 78, § 1, § 2, § 4; y C 81.

Su hermano en San Vicente,
firmagreg11.jpg
G. Gregory Gay, C.M.
Superior General

Leave a Reply