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Lectio Vicentina: REVESTIRSE DEL ESPÍRITU DE JESUCRISTO.

 

 

1. Momento de Comprender:

Pocas expresiones cristalizan tan perfectamente la esencia del carisma de San Vicente de Paúl como la locución paulina (Rm. 13,14; Gal. 3, 27; Ef. 4, 24; Col 3,10) con la que el Santo insistió tantas veces a los misioneros sobre el fin de nuestra vocación: Para que la Congregación consiga, mediante la divina gracia, el fin que se ha propuesto, es preciso que procure con todas sus fuerzas revestirse del espíritu de Jesucristo (Reglas Comunes I,3).

Podemos decir con certeza que el servicio a los pobres (caridad-misión) tiene un auténtico valor vicentino en la medida en que caminamos hacia el revestimiento de Cristo, la configuración de toda nuestra existencia con la vida, las obras y los sentimientos de Jesucristo Evangelizador de los pobres.  De esta manera entendió Vicente el Revestirse del Espíritu de Jesucristo.

Por ejemplo, explicando a los misioneros el primer capítulo de las Reglas Comunes que hemos citado más arriba explicaba:

El Espíritu Santo, en cuanto su persona, se derrama sobre los justos y habita personalmente en ellos. Cuando se dice que el Espíritu Santo actúa en una persona, quiere decirse que este Espíritu, al habitar en ella, le da las mismas inclinaciones y disposiciones que tenía Jesucristo en la tierra, y éstas le hacen obrar, no digo que con la misma perfección, pero sí según la medida de los dones de este divino Espíritu. (XI, 411).

En concreto: ¿Qué podemos entender por las mismas inclinaciones y disposiciones de Jesucristo? Siguiendo al Padre Miguel Pérez Flores (Revestirse del Espíritu de Cristo. p. 39-40. CEME 1996) El mismo santo parece responder a nuestra pregunta en la carta que envía a un misionero dedicado a la formación de los sacerdotes:

¡Qué feliz es usted, Padre, por servir de instrumento en manos de Nuestro Señor para formar buenos sacerdotes… Con eso desempeña usted el oficio del Espíritu Santo, que es el único al que pertenece iluminar y encender los corazones; o mejor dicho, es ese Espíritu santo y santificador el que actúa por medio de usted, ya que mora y obra en usted mismo, no sólo para hacerle vivir de su vida divina, sino también para restablecer su misma vida y sus operaciones en esos señores, llamados al ministerio más alto que existe en la tierra, por el que tienen que ejercer las dos grandes virtudes de Jesucristo, a saber, la religión para con su Padre y la caridad para con los hombres (VI 370).

Revestirse del Espíritu de Cristo es entonces entrar en la práctica de las dos grandes virtudes de Jesucristo: religión para con el Padre y caridad para con los hombres.

Religión para con el Padre es contrario a la tentación de la ansiedad y el activismo pastoral porque, como Cristo, no servimos a los pobres por interés simplemente humano ni lo hacemos para buscarnos a nosotros mismos, sino que nuestra opción de vida, todo nuestro modo de actuar, son una respuesta de amor a la voluntad del Padre. Somos místicos de la acción no meros trabajadores sociales.

Caridad para con los hombres no se resume en el acto de dar sino en el de entregarnos. Nuestra misión como vicentinos, no consiste todo en distribuir la sopa y el pan, es la de ser un reflejo de la caridad de Dios Padre que tanto amó al mundo que entregó a su propio Hijo (Jn 3,16).

2. Momento de Contemplar:

Tomando en cuenta que San Vicente de Paúl siguió a San Pablo que afirma que todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo (Gal 3, 27) tratemos de contrastar nuestros conceptos personales con los conceptos que hemos aprendido de San Vicente:

 

  • Revestirse
  • Religión
  • Caridad
  • Entrega

Se puede comentar en grupo si la propuesta de San Vicente cambia en algo lo que he entendido hasta hoy cuando uso estas palabras.

3. Momento de Meditar:

Siempre en ambiente de oración preguntémonos primero personalmente y luego a nivel grupal:

  • ¿Cómo vivo mi Religión para con el Padre? ¿Puedo reconocer actitudes que afirman o desdicen esa vivencia en mí?
  • ¿Cómo puede vivir nuestra rama vicentina el llamado a practicar la caridad para con los hombres? ¿Qué nos falta para pasar del dar al entregarnos?

4. Momento de Comprometernos:

De la reflexión anterior, después de compartir, podemos acercarnos nuevamente al árbol del compromiso y preguntarnos: ¿Qué paso tengo que dar para seguir caminando en mi revestimiento del Espíritu de Cristo? Asumamos nuestro fruto de este mes recordando las palabras de San Vicente:

Entremos en su espíritu para entrar en sus acciones. No basta con hacer el bien, hay que hacerlo bien, a ejemplo de nuestro Señor, de quien se dice en el evangelio que lo hizo todo bien: Bene omnia fecit. (XI, 468).

ORACIÓN PARA EL AÑO JUBILAR DEL 400 ANIVERSARIO DEL CARISMA VICENTINO.

Señor, Padre Misericordioso,
que suscitaste en San Vicente de Paúl
una gran inquietud
por la evangelización de los pobres,
infunde tu Espíritu
en los corazones de sus seguidores.
Que, al escuchar hoy
el clamor de tus hijos abandonados,
acudamos diligentes en su ayuda
“como quien corre a apagar un fuego”.
Aviva en nosotros la llama del carisma
que desde hace 400 años
anima nuestra vida misionera.
Te lo pedimos por tu Hijo,
“el Evangelizador de los pobres”,
Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

P. Rolando Gutiérrez C.M.
Vice- Provincia de Costa Rica.

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