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Beato Ghebra Miguel

30 agosto – beato Ghebra Miguel, sacerdote y mártir monje ortodoxo etiópe, nació en 1791 en Goggiam. Se hizo amigo y discípulo de San Justino de Jacobis, primer vicario apostólico de la Abissinia, Ghebra Miguel se convirtió al catolicismo. Ordenado presbítero, entró en la Congregación de la Misión. Selló con el martirio su búsqueda de la verdad, murió el 13 de julio de1855. Fue beatificado el 3 de octubre de 1926.

Del relato del martirio del beato Ghebra Miguel

Abba Ghebra Michael era una insigne figura de Etiopia, dotado de inteligencia aguda, recto, de una sola pieza, ajeno a la rebeldía. Después de una reflexión personal sobre la fe, prolongada por cerca de medio siglo, apenas neófito se dirigió a Roma en1841 vinculado al Sumo Pontífice. En Roma descubrió finalmente aquella verdad que fue para él, objeto de estudio cotidiano. Desde entonces, su adherencia de mente, de corazón, y de acción a la verdadera fe, fue tan fuerte que ya en 1844 pudo profesarla en la cárcel, en tiempos de la persecución contra los cristianos, desatada en Etiopía. Desde aquel momento, toda su vida estuvo consagrada a la oración, a la instrucción católica y a las controversias doctrinales, con óptimos resultados.

¿Quién entonces más dijo que él del sacerdocio? Capturados juntos, yo y él, y encerrados en dos prisiones separadas, solo al final de aquel mismo día pudimos compartir algunas palabras. Aquel intrépido atleta fue perseguido en la cárcel con bastones y puños por los seguidores del Abuna. Después de cinco meses fue llevado al tribunal delante de una gran multitud y con extraordinaria fortaleza, dio noble testimonio de la fe. Vencidos todos los argumentos que le proponían para hacerlo caer, fue condenado a muerte. La ejecución sin embargo, fue pospuesta y mientras tanto, dos fuertes soldados golpearon repetidamente al mártir sobre la boca, mientras él con alta voz y con bella expresión repetía la profesión dogmática de S. León Papa y del Concilio de Calcedonia sobre las dos naturalezas de Cristo. Resistió de esta manera hasta cuando sus mismos torturadores no pudieron seguir más por el cansancio.

Todos creían que la víctima estaba destruida cuando, entre la admiración general, el anciano se alzó de nuevo y comenzó a caminar sin ninguna ayuda: sobre su rostro había desaparecido cada huella del tormento padecido, al contrario, sus ojos brillaban de luz maravillosa. Después de todo, fue llevado de nuevo a prisión. Dos días después inició con las cadenas en los pies, un largo viaje que tenía que durar dos meses y después debía comparecer de nuevo ante el tribunal presidido por el príncipe Cassa junto con el Abuna Salama, delante de todo el ejército. Interrogado, renovó su profesión de fe.

Fue de nuevo condenado a muerte y conducido al lugar de la ejecución para ser muerto mediante el fusilamiento. Pero la gente se conmovió y, llorando, pidieron para él la gracia y la obtuvieron. Estaba tan maltratado de los recorridos, que le dio un mal de estómago, seguido de una disentería. Los soldados, llenos de admiración, no lo llamaban más por su nombre sino Chedus Ghiergis, es decir, San Jorge. Murió después de trece meses de crueles tormentos a la edad de sesenta y cuatro años, alcanzando así la palma del martirio que había ardientemente deseado.

Del testimonio escrito de San Justino de Jacobis al Cardenal Prefecto de la S. Congregación de Propaganda Fidei, el 30 de noviembre de 1856: Anales de la Congregación de la Misión 23 (1958), pp 343-353

Para la reflexión

El beato Ghebra Miguel vivió hasta el fondo la lógica del amor, columna de la vocación vicentina.

Pidamos al Señor, sobre el ejemplo del beato Ghebra Miguel, sacerdote misionero de la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl, de sostenernos con su espíritu para ser testimonio de fidelidad en la Verdad Evangélica ante el mundo, para que todos reconozcan a Dios como único y verdadero.

Hagamos nuestras las palabras de Pedro: « Queridos, en la medida en la cual participáis a los sufrimientos de Cristo, alegraos, porque también en la revelación de su gloria podáis alegraros y exultar. Bienaventurados vosotros, si venís insultados por causa del nombre de Cristo, porque el Espíritu de la gloria y el Espíritu de Dios reposa en vosotros »

Nuestro pensamiento y nuestra oración van por aquellos que en el mundo, y en particular en el martirio del cercano oriente, son perseguidos y asesinados por su adhesión valiente a la fe en Cristo Jesús. Recordamos las palabras de San Vicente:

“¡Oh cuánto son expertos nuestros hermanos en la práctica del sufrimiento¡ están en medio a la guerra, de la persecución, a pesar de eso permanecen firmes y no se pueden derrumbar ”.

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