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Lectio Vicentina para los 400 años: “En los Brazos de la Providencia”

 El padre Rolando Gutiérrez CM de la Vice- Provincia de Costa Rica, nos presenta de nuevo la Lectio Vicentina. En este contexto de los 400 años de la celebración del Carisma nos propone la reflexión en la Divina Providencia, tema fundamental en nuestra espiritualidad.

  1. Momento de Comprender:

San Vicente de Paúl es reconocido en la historia como el gran apóstol que organizó el sistema de caridad más grande del siglo XVII, una obra verdaderamente magna para los limitados recursos de su época si se compara con las facilidades tecnológicas que hoy tenemos. Nuestro santo fue capaz de poner en ejecución una red de caridad que atendía diariamente a miles de necesidades en varias partes del mundo, tanto en Europa (Francia, Italia, Polonia, Escocia, Irlanda) como fuera de ella (Túnez, Argel y Madagascar).

Resulta de mucha importancia una pregunta clave en la vida y obra de Vicente de Paúl: ¿Cómo logró desarrollar tales proyectos un hombre de origen campesino que no relucía entre los nombres de gran fama intelectual o política de principios del siglo XVII? La respuesta la ofrece el mismo Vicente cuando se refiere al origen de la Congregación de la Misión:

¡Ay, padres y hermanos míos! Nunca había pensado nadie antes en ello, no se sabía lo que eran las misiones; tampoco yo pensaba en eso ni sabía lo que eran; y en esto es donde se reconoce que se trata de una obra de Dios: pues donde no tienen parte alguna los hombres, Dios es el que obra, y esto viene inmediatamente de él; y luego él se sirve de los hombres para ejecutar sus obras. (XI, 94).

La misma idea se encuentra presente en el origen de las Hijas de la Caridad:

Hijas mías, tenéis que tener tan gran devoción, tan gran confianza y tan gran amor a esta divina Providencia que, si ella misma no os hubiese dado este hermoso nombre de Hijas de la Caridad, que jamás hay que cambiar, deberíais llevar el de Hijas de la Providencia, ya que ha sido ella la que os ha hecho nacer. (IX, 86).

Así, una clave de la espiritualidad vicentina es el principio que las obras pertenecen a Dios y nosotros somos humildes instrumentos, o lo que es igual, somos hijos de la Divina Providencia.

La Forma Vicentina de Entender el Misterio de Dios.

Ante las calamidades y los sufrimientos de que vivía en la misión de Argel el cohermano Juan Barreau que se desempeñaba como cónsul de Francia, Vicente le aconseja en 1648:

No podemos asegurar mejor nuestra felicidad eterna que viviendo y muriendo en el servicio de los pobres, en los brazos de la Providencia y en una renuncia actual a nosotros mismos, para seguir a Jesucristo. (III, 359)

Todo el camino de configuración con Cristo al que ha sido llamado el misionero encuentra su plenitud en la renuncia que hace al abandonarse en los brazos de la Providencia, porque es allí donde se entiende mejor el proyecto que pertenece a Dios y no a nosotros, es a través de la Providencia Divina como los hijos de San Vicente tienen su encuentro cotidiano con el Señor. 

Una Manera Vicentina de Actuar.

Por el año 1655 Vicente pasaba uno de los momentos más angustiosos de su vida, el proceso de aprobación de los votos de la Congregación de la Misión. A Esteban Blatiron, que se encontraba en Roma para llevar a cabo esta tarea, le escribe el santo tras un intento fallido de aprobación:

Las obras de Dios tienen su momento; es entonces cuando su Providencia las lleva a cabo, y no antes ni después. El Hijo de Dios veía cómo se perdían las almas y sin embargo no adelantó la hora que se había ordenado para su venida. Aguardemos con paciencia y actuemos y, por así decir, apresurémonos lentamente en la solución. (V, 374)

La confianza absoluta de Vicente en la Divina Providencia es un antídoto muy oportuno en nuestro siglo XXI en el que la Familia Vicentina corre la tentación de identificarse más por las obras y los proyectos con los pobres que por la mística de la acción. La tendencia al activismo, que genera grupos y personas llenas de angustia y ansiedad, son un reflejo de una espiritualidad vicentina ausente. Donde hay vicentinos auténticos hay confianza en la Providencia y abandono en los brazos de Dios, que es el autor de todas nuestras obras y nos compromete a vivir encontrando su auxilio en cada paso que damos.

2. Momento de Contemplar:

Llegados a la novena Lectio de este jubileo volvamos la mirada hacia nuestra propia historia: ¿Cuál ha sido mi experiencia de la Providencia de Dios en mi vida? ¿Cómo recuerdo mi inicio en el carisma vicentino? ¿Cómo llegué a la familia de San Vicente y qué intervención tuvo la mano providente de Dios para esta vocación? ¿Qué signos logro ver en mi historia que me hacen sentir que mi servicio en la rama o grupo vicentino al que pertenezco se trata de una obra de Dios como decía San Vicente?

Dediquemos unos momentos a contemplar nuestra vida.

3. Momento de Meditar:

Preguntémonos ahora para luego compartir en grupo:

  • ¿Nuestro sentido de felicidad está relacionado con el servicio a los pobres? Tal como lo recomienda Vicente al misionero Juan Barreau: ¿Qué entiendo por vivir en los brazos de la Divina Providencia?
  • ¿El principio de San Vicente de que las obras de Dios tienen su momento nos ofrece alguna luz en nuestro servicio a los necesitados? ¿Cómo se toman las decisiones y se llevan a cabo los proyectos vicentinos entre nosotros? ¿Vivimos realmente dependiendo de la Divina Providencia?

4. Momento de Comprometernos:

De forma muy concreta nos parece oportuno hacer un compromiso con esta novena Lectio en torno a la confianza y el abandono: ¿Qué actitud necesito desarrollar para aprender a confiar más mis proyectos y el servicio a los pobres a la Providencia Divina? ¿Me siento llamado a realizar algún acto de abandono en los brazos de Dios?

ORACIÓN PARA EL AÑO JUBILAR DEL

400 ANIVERSARIO DEL CARISMA VICENTINO

 

Señor, Padre Misericordioso,
que suscitaste en San Vicente de Paúl
una gran inquietud
por la evangelización de los pobres,
infunde tu Espíritu
en los corazones de sus seguidores.
Que, al escuchar hoy
el clamor de tus hijos abandonados,
acudamos diligentes en su ayuda
“como quien corre a apagar un fuego”.
Aviva en nosotros la llama del carisma
que desde hace 400 años
anima nuestra vida misionera.
Te lo pedimos por tu Hijo,
“el Evangelizador de los pobres”,
Jesucristo nuestro Señor. Amén

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