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Homilia del Superior General en la Clausura del Simposio de los 400 años del Carisma

Nos reunimos con inmensa alegría, felicidad y gratitud, para celebrar la Eucaristía de clausura del Simposio, celebrando el 400º Aniversario del Carisma Vicentino.

Nosotros, miembros de la Familia Vicentina, estamos representando las diversas regiones del mundo. Tanto a través de aquellos que pertenecen a una rama específica de la Familia; así como también de aquellos que, aunque no pertenecen a una rama específica, se inspiran en la vida de San Vicente de Paúl. Seguimos sus huellas, queriendo vivir su carisma y espiritualidad. Otros más, que deseando conocer mejor a San Vicente de Paúl, están aquí presentes; o se están uniendo a nosotros por TV, radio, internet, los medios sociales, etc. Con San Vicente de Paúl, podemos hoy exclamar: “¡Nunca me hubiera imaginado que algo así podría ser posible! ”

La semilla de mostaza plantada por la Divina Providencia, por Jesús, en el corazón de San Vicente de Paúl en 1617; se ha convertido en un árbol que sobrepasa los dos millones de miembros; en 150 países alrededor del mundo. Desde un punto de vista humano, esto no podría suceder, pero ha sido realizado por el plan de Dios. Es la obra de Dios, el accionar de Jesús, en colaboración con personas que escucharon la voz de Jesús y le siguieron para hacer crecer esta semilla de mostaza. Desde el punto de vista de Jesús, nada es imposible, y hoy testificamos este milagro.

Jesús inició su proyecto invitando primero a Vicente de Paúl a cambiar su propia vida, sus propios planes, sus propias ideas y ambiciones. Vicente de Paul inició el proceso de su conversión cuando descubrió la pobreza espiritual y material del pueblo pobre, hace 400 años, en 1617. Con el tiempo, él entendió que todo el esfuerzo humano no produciría frutos duraderos, si no estamos identificados con Jesús, con sus ideas, sus sentimientos, su misión: si Jesús no se convierte en el centro de la vida de cada uno. “¡Bienaventurados los que se entregan a Dios, en este sentido, haciendo lo que Jesucristo hizo y practicando, según su ejemplo, las virtudes que El practicó: pobreza, obediencia, humildad, paciencia, celo apostólico y las otras virtudes! Porque de esta manera actúan los verdaderos discípulos del Maestro. ”

Jesús puso a los pobres en el centro de su misión; en el centro de su plan de evangelización; en el centro del Reino. Vicente quería seguir a Jesús por este camino. El momento decisivo en la conversión de Vicente se da cuando comienza a identificarse con los pobres; cuando empezó a darse cuenta de su propia pobreza. Cuando Vicente descubrió al pobre en sí mismo. Cuando fue capaz de no seguir llamando al pobre, como realidad externa, sino más bien como realidad fundante: “nosotros los pobres”; alcanzó el nivel inequívoco en el reconocimiento de su propia pobreza, debilidad y pecado. Desde esa perspectiva, y a partir de ese momento, salió a encontrarse con los demás.

De esta manera, la otra persona – espiritual, material, física y mentalmente pobre – pasó a ser parte de él, de su familia. Se convirtió en su hermano o hermana. Así, Vicente de Paul descubrió a Jesús en los Pobres y a los Pobres en Jesús. Así como él mismo lo dijo a sus cohermanos: “¡Qué hermoso es ver a los pobres si los contemplamos en Dios y con la reverencia o estima que Jesucristo les tuvo!” Vicente vivía lo que una vez él mismo expresó, con palabras tan sorprendentes: “Su dolor es mi dolor “.

Vicente descubrió la unidad inquebrantable existente entre la oración y el servicio; los sacramentos y el servicio; los misterios de la fe y el servicio. La Encarnación, la Santísima Trinidad, la Eucaristía y María, se convirtieron en los pilares de su espiritualidad. Las virtudes de la sencillez, la humildad, la mansedumbre, dar prioridad a Jesús y no a las personas y cosas, a la misión, a la salvación de la humanidad, fueron virtudes que Vicente descubrió en Jesús mismo. Todas ellas se convirtieron en parte de la estructura espiritual que Jesús estaba construyendo en el corazón de Vicente.

La semilla de mostaza se convirtió en un árbol grande. Si nos limitamos a seguir simplemente con nuestros pensamientos sobre el pasado; regocijándonos en los logros de la Familia Vicentina a lo largo de estos 400 años; y no nos preocupamos por mantener el riego, la poda y la fertilización del árbol… …lentamente comenzará a morir. Sin embargo, a través del riego, la poda y la fertilización del árbol; es decir, al participar activamente e involucrarnos hoy, como miembros de la Familia Vicentina, este árbol, con la Gracia de Dios, puede crecer aún más en profundidad, altura y espesor; extendiendo sus ramas a Pueblos, ciudades y países, donde aún no está presente. Si queremos seguir la misión de Jesús, a través del carisma y la espiritualidad de San Vicente de Paúl, debemos hacerlo con una clara visión de los “signos de los tiempos” y del futuro.

El Espíritu de Dios, el Espíritu de Jesús, el Espíritu Santo, obra, mueve, alienta, provoca fuego dentro de la Iglesia, a través de numerosos dones; y no deja de asombrarnos y sorprendernos al conducirnos a la meta de toda la humanidad: el Reino, la vida eterna, la vida en Jesús, con Jesús en la felicidad eterna. El Espíritu Santo: otorga vida a los diferentes carismas, dentro de la Iglesia; a los diferentes caminos que se orientan hacia la misma meta.

Cada Carisma particular, nos invita a descubrir un matiz específico en el rostro de Jesús: siendo atraído por… inspirado por… llamado a seguir a Jesús. Encontrando un lugar en la Iglesia; el camino para servir, vivir la fe, participar en el plan de salvación de Jesús, para cada persona y toda la humanidad. Como miembros de la Familia Vicentina, reflexionamos sobre el rostro de Jesús, que Vicente de Paúl había descubierto y por el cual estaba inspirado. Vemos el rostro de Jesús que cambió su vida, y en el cual encontró el verdadero significado de su existencia y comprendió la misión a la que estaba llamado. Nosotros, como sus seguidores, estamos tratando de llevarlo a cabo: aquí y ahora. Vicente de Paúl nos invita a profundizar en nuestras propias vidas, y a animar a los demás, a descubrir y seguir, el “rostro de Jesús” que él nos dejó.

El carisma Vicentino es una forma de vida. Como camino de vida, dentro de la Iglesia, es un camino hacia la santidad: la santificación de nuestras propias vidas y la de los demás. Podemos vislumbrar la Familia Vicentina como un movimiento compuesto por personas pertenecientes a una rama específica de la Familia; así como también por aquellos que aún sin pertenecer a una rama específica, inspiran su testimonio en el camino de San Vicente de Paúl y lo testifican en sus vidas . Este es un movimiento que se inspira en el “rostro de Jesús”, descubierto y hecho vida por San Vicente de Paúl.

Para permitir que el Espíritu de Jesús se mueva libremente, para colaborar con Él, debemos dejarnos sorprender hasta el punto de que nuevas ramas o grupos de las ramas actuales, puedan ser fundadas en el futuro, en diferentes partes del mundo. Para ver el “rostro de Jesús”, claramente ante nuestros ojos; para crecer en la caridad y credibilidad; para ser convincentes seguidores del carisma vicenciano es de suma importancia para nosotros:

  • Una vida profundamente espiritual. La Encarnación, la Santísima Trinidad, la Eucaristía, María, las virtudes de la sencillez, la humildad, la mansedumbre; dando prioridad a Jesús y no a las personas y cosas. Una vida para la misión, para la salvación de la humanidad, deben ser los pilares de nuestra espiritualidad.
  • Combinar la oración y la acción en todo lo que hacemos, siendo apóstoles en la oración y contemplativos en la acción. Vicente había aprendido que “aún si no dijeras palabra alguna, si estás realmente unido a Dios, tocarás los corazones con tu mera presencia”.
  • Descubrir y ver a Jesús en los Pobres y a los Pobres en Jesús. San Vicente de Paúl tenía un enfoque integral hacia las personas, reaccionando a sus necesidades específicas: espirituales, materiales, emocionales y físicas, pero en un orden lógico. Este acercamiento, esta comprensión, este descubrimiento lo convirtieron en un “Místico de la Caridad”. Nosotros, como miembros de la Familia Vicentina, estamos llamados a convertirnos en “Místicos de la Caridad”.
  • Renovar, profundizar y reavivar nuestra cercanía a los Santos y Beatos de la Familia Vicentina, a través de la difusion de la veneración, confianza e intercesión, a nivel local, nacional e internacional, de su patrocinio.
  • Basar nuestra asistencia en una buena formación integral, en todos sus aspectos: humano, espiritual y professional; cada uno en relación con el servicio específico en el que podamos estar involucrados.
  • Continuar desarrollando una estrecha colaboración con todas las ramas y miembros de la Familia Vicentina, ya sea que pertenezcan oficial o extraoficialmente a una rama específica, a nivel local, nacional e internacional.
  • Participar más decididamente en el camino del modelo de “Cambio Sistémico”, que libera a los pobres de sus vínculos como víctimas, para convertirse en socios igualitarios, para el bien de toda la humanidad.
  • Seguir colaborando con otros grupos, organizaciones e instituciones ajenas a la Familia Vicentina que comparten nuestros mismos objetivos y visión, a nivel local, nacional e internacional.

“La caridad de Jesús Crucificado nos urge” y “el amor es inventivo hasta el infinito”. Busquemos juntos caminos nuevos y creativos para acudir en ayuda de los Pobres. Nuestros esfuerzos, luchas y sueños comunes no pueden detenerse hasta que la Caridad sea globalizada. Nuestro deseo y sueño común es que más y más personas se vayan uniendo a la caminata hacia la Globalización de la Caridad. Que numerosas personas comiencen a seguir el Carisma Vicentino, uniéndose a las diferentes asociaciones laicas, dentro de la Familia; así como a las diversas Congregaciones de Vida Consagrada, para mujeres y hombres, como hermanas, hermanos y sacerdotes.

Queridos jóvenes de todo el mundo, si sienten en su corazón que Jesús los está llamando hoy; llamándoles durante este simposio de tres días para unirse a nuestra misión común, al formar parte de una asociación laica, o convertirse en un misionero laico, Hermana, hermano o sacerdote… ¡Respondan positivamente con paz interior y convicción! ¡Estarán en el camino correcto, en el camino que te llevará al punto más alto de la felicidad y significado de tu vida!

Estamos celebrando el 400 Aniversario del Carisma Vicenciano. No queriendo caer “en la ingratitud, el crimen de los crímenes”, damos profundas gracias a la Divina Providencia, a Jesús, por hacer crecer esta pequeña semilla de mostaza y transformarla en un árbol grande. Pedimos perdón a Jesús, y al pueblo, por todos los errores, faltas y pecados cometidos por sus miembros. Pedimos la gracia de permanecer profundamente arraigados en el carisma. Pedimos, con toda sencillez y humildad, que podamos comprometernos aún más con el fuego, la dedicación y la fuerza en la misión que Jesús nos ha confiado, aclarando aún más el “rostro de Jesús”, el “evangelizador de los pobres” en el mundo; Regando, podando y fertilizando el árbol para que sus ramas lleguen a alcanzar los rincones más lejanos de la tierra.

Tomaž Mavrič, CM

Superior General

Basilica De San Pablo Extramuros – Roma

Domingo, 15 De Octubre Del 2017

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