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Beata Giuseppina Nicoli, Hija de la Caridad

La caridad fue la regla de su vida, sus pensamientos, sus palabras y sus acciones. Vivió en la humildad, entregándose al amor de Cristo y viviendo el misterio: la caridad vivida hacia los pobres es un acto de amor hacia el Señor.

La Beata Giuseppina Nicoli, Hija de la Caridad, nació en Casatisma (Pavía – Italia) el 18 de noviembre de 1863, la quinta de diez hijos. Su familia vivió siempre en unión de sentimientos profundamente cristianos. Giuseppina desde que era una niña, demostró su vocación a la vida religiosa.

En 1884, entró en la Compañía de las Hijas de la Caridad en Turín. Después del seminario fue enviada a la isla de Cerdeña. En 1885 Sor Nicoli partió con entusiasmo hacia la ciudad de Cagliari. A pesar de su precaria salud, se entregó sin reservas a la población – a los treinta años cayó enferma de tuberculosis pulmonar que la debilitaría progresivamente –.  Con sus compañeras, se dedicó a asistir a los pobres del lugar.

En 1889, fue nombrada superiora del orfanato de Sásari. Dio un nuevo impulso a la Asociación Mariana, reunió a las Damas de la Caridad y las dirigió en el servicio a los pobres. Estimuló la catequesis, recibiendo cada domingo unos 800 jóvenes, y, sobre todo, formó la escuela de Religión para las jóvenes de las escuelas superiores y universitarias para prepararlas a ser buenas maestras de la fe. Con sus compañeras empezó la asistencia a los presos.

En 1910, no sin sufrimientos, dejó Sássari para ir a Turín. Un año y medio después, fue nombrada directora del Seminario. De regreso a Sássari, a causa de su salud, empezó su calvario interior. Los superiores se vieron obligados a trasladarla dados los malentendidos y denigraciones por parte de la administración del orfanato.

El 7 de agosto de 1914, la Providencia la conduciría, en la última etapa de su vida, a la escuela materna de Marina de Cagliari. En estos medios pobres, descubre la pobreza moral y espiritual de estos barrios. Se interesa por las jóvenes, que son numerosas, que trabajan en la manufactura de tabacos y las reúne en la Obra de Retiros Espirituales. Para visitar a los pobres a domicilio organiza las “Pequeñas Damas de la Caridad”. Con ellas, en 1917, abre una Colonia marina para responder a las necesidades de los numerosos casos de niños desnutridos o enfermos de tuberculosis.

La fama de Sor Nicoli está relacionada sobre todo “con los niños del cesto”, conocidos en la ciudad por su utensilio de trabajo. Se trata de niños abandonados que se convierten para ella en su preocupación más obsesiva. Sor Nicoli trata a estos chicos con la misma delicadeza que una buena madre. Les da clase, para prepararlos a ejercer una profesión. Los instruye en la fe y establece con ellos un acuerdo educativo”.

En 1924, el último año de su vida, padece una calumnia que aceptó en silencio, hasta que el presidente de la administración reconoce el error. Sobre su lecho de muerte, Sor Nicoli le perdona de todo corazón. El 31 de diciembre de 1924, muere en Cagliari.

Fue Beatificada el 3 de febrero de 2008 en Cagliari.

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