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“Ranquines” Un proyecto eclesial para personas con enfermedad mental en situación de exclusión social

Hemos estado algo más de dos años y cinco meses trabajando y soñando con poder dar respuesta a la necesidad real de las personas vulnerables que ha sido detectada en el campo de la intervención social en Salamanca, mediante un proyecto para personas con problemas de salud mental.

¿De quién surge la iniciativa?

Tres Provincias de la Congregación de la Misión en España han estado en un proceso de reestructuración y reorganización que han dado en llamar reconfiguración, porque no solamente pretendía un cambio en el nivel más exterior y organizativo, sino en el nivel más interior, de sentido carismático y de presencias significativas.

Como fruto de este proceso de reconfiguración han creado un nuevo Plan Pastoral de Evangelización, en el que se concreta una prioridad pastoral que dice: “Caracterizarnos por nuestra preferencia clara y expresa por los pobres”.

Fruto de este proceso y de esta prioridad, los misioneros Paúles de Salamanca ofrecieron a Cáritas Diocesana de Salamanca la posibilidad de hacer un proyecto conjunto que respondiera a las necesidades de los más pobres, brindando parte de los espacios de su casa en Santa Marta de Tormes.

¿Por qué se ha querido hacer este proyecto?

Tras el proceso de reflexión, Cáritas concluyó que había una necesidad que no estaba siendo cubierta adecuadamente por la sociedad. En todos los recursos e intervenciones del área de inclusión social de Cáritas hay personas acuciadas por un problema de salud mental que no estaban siendo atendidas adecuadamente, ya que los recursos no están preparados para responder a esta problemática. Además, en muchas ocasiones, estas personas interfieren en los procesos de otras y en el adecuado funcionamiento de los recursos.

Por tanto, estamos hablando de personas con un problema de salud mental, con cierta autonomía, pero en situación de exclusión social. La situación de vulnerabilidad que supone la enfermedad mental, sumada a su situación de exclusión, impide a estas personas mínimas cotas de inclusión, que los llevan una y otra vez a ingresos en unidades de psiquiatría, cuando no a prisión, y una y otra vez a los mismos recursos asistenciales y sociales.

¿Cómo se ha querido hacer?

A la hora intervenir con una población, los enfoques son siempre muchos y diversos; el reto es encontrar el que mejor respuesta dé a las necesidades de los beneficiarios, ajustándose a las posibilidades de los intervinientes y del entorno.

Cáritas y la Congregación de la Misión mantuvieron diferentes contactos y visitaron varios recursos de salud mental. Tras este proceso, se hizo claro, a su entender, que el modelo más adecuado de intervención sería el Tratamiento Asertivo Comunitario.

La integración en la comunidad de una persona con una enfermedad mental supone uno de los mejores respaldos para su buena evolución clínica. Este hecho objetivado por numerosos estudios debiera orientar las estrategias asistenciales de los servicios de salud mental. No siempre es así. La atención a los enfermos mentales más graves atraviesa por un cierto estancamiento. Las políticas sanitarias tienden a primar la atención a los trastornos neuróticos, más numerosos y con mayor capacidad de reivindicación social. La atención comunitaria del enfermo mental grave en nuestro país precisa de nuevas herramientas, nuevos enfoques que dinamicen los procesos asistenciales.

El Tratamiento Asertivo Comunitario (TAC), desarrollado por Leonard Stein y Mary Ann Test en Wisconsin (USA) es una forma de estructurar la asistencia a las personas con enfermedades mentales graves que focaliza su campo de actuación en el entorno social más próximo al paciente. Las intervenciones domiciliarias constituyen la piedra angular del TAC, tratando de integrar actuaciones diversas (farmacológicas, psicoterapéuticas, sociales, familiares, laborales). 

¿Qué queremos conseguir?

  • Ofrecer un espacio social acogedor que sirva de soporte social y asistencial, para facilitar el acceso de los destinatarios a los Centros, su mantenimiento en la comunidad en las mejores condiciones posibles de calidad de vida y la estructuración de su vida cotidiana.
  • Promover a través de un acompañamiento de alta calidad técnica y humana su fortalecimiento personal y social, el desarrollo de su autonomía, y el acceso a derechos, bienes y servicios sociales básicos.
  • Promover la vinculación de las personas atendidas con los servicios y centros de las redes sanitaria y social, y su acceso a una alternativa residencial y ocupacional estable adecuada a sus necesidades e intereses.
  • Sensibilización e incidencia sobre las actitudes y conductas hacia las personas sin hogar con enfermedad mental grave de los ciudadanos, las entidades públicas y las entidades de iniciativa social, fomentando el compromiso con la igualdad de oportunidades.

¿Qué se quiere hacer?

Después de las visitas a los recursos y de reflexionar sobre el modelo asertivo comunitario, se creyó que lo más conveniente sería poder ofrecer tres tipos de recursos:

Centro de Día

Pretendemos que ofrezca apoyo psicosocial y servicios complementarios para la cobertura de necesidades básicas vitales.

Se trataría de favorecer la ocupación del tiempo de forma rehabilitadora, la creación de red social, la participación social y cultural, mediante el ofrecimiento de actividades.

Las personas con enfermedad mental y en exclusión social no están en condiciones de trabajar, y necesitan ocupar su tiempo de forma útil. Aun así, parece muy interesante que parte de las actividades puedan tener un matiz laboral.

Cada persona debe poder elegir libremente el tiempo, los espacios y las actividades, adecuándose a sus intereses y motivaciones personales.

Este recurso podrá estar abierto a personas con enfermedad mental que no están en situación de exclusión social, que tienen el apoyo de sus familias u otras organizaciones.

Pisos de inserción

Parecen ser la opción más favorecedora de la inclusión social. Compartidos por varias personas, otros para personas solas, personas con menores a su cargo, parejas.

Se trataría de conseguir vivienda permanente, de ofrecer acompañamiento en las actividades cotidianas, de brindar apoyo psico-social.

Mini-residencia

Aunque los pisos nos parecen la opción más inclusiva, dos razones nos hacen valorar esta posibilidad:

  • Hay personas que por la realidad de su enfermedad mental no podrán ya vivir con la autonomía necesaria para gestionar un piso.
  • Hay personas que por la realidad de exclusión social que han vivido, necesitan un tiempo más o menos largo para la creación de vínculos, de contención, de asunción de habilidades para la vida cotidiana, para alcanzar la autonomía de poder vivir en un piso.

Se trataría de ofrecer residencia “temporal”, de ofrecer entrenamiento en las actividades cotidianas, de acompañar en los procesos personales, de brindar apoyo psico-social.

¿Con quienes se quiere hacer?

Desde el comienzo, tanto la Congregación de la Misión como Cáritas Diocesana, tuvieron clara la intención de realizar este proyecto con otros.

A nivel civil y social se buscan con interés las sinergias, la creación de redes. El servicio de salud mental público se hace indispensable en este proyecto.

A nivel de intervención social es manifiesta la necesidad de trabajar con otros, de responder de forma conjunta, de aunar esfuerzos. Hay que buscar la colaboración con las diferentes asociaciones que intervienen en este ámbito, y también con el tejido social, asociaciones vecinales, empresas, cines… y crear un grupo potente y comprometido de voluntariado.

A nivel eclesial la colaboración y la comunión no tienen solamente valor por su utilidad, sino que son un signo de la presencia de Dios en sí mismo. Deseamos que este sea un proyecto inter-congregacional. En un tiempo en que las Congregaciones estamos cerrando casas y obras, apostar por un proyecto conjunto en favor de los pobres será un signo profético tanto para el mundo como para nosotros mismos.

A nivel diocesano, coincidimos con el tiempo de gracia que fue la Asamblea diocesana, este proyecto eclesial quiere ser un fruto del Espíritu, una manifestación concreta del Dios de la Misericordia.

A día de hoy somos 8 las instituciones comprometidas en llevar a cabo este proyecto: Cáritas diocesana de Salamanca, Congregación de la Misión, Diócesis de Salamanca, Religiosas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, Hermanas de Nª Sª de la Consolación, Parroquia el Milagro de San José, Religiosas de los Sagrados Corazones y las Hijas de Jesús.

 ¿Por dónde hemos empezado?

Nos pareció que la mejor estrategia era comenzar con algo que pudiéramos asumir entre todos; para desde aquí poder ofrecer a las entidades públicas y privadas una iniciativa concreta y solicitar unas demandas concretas.

En este sentido, el Centro de Día nos pareció el recurso más adecuado para iniciar. Desde él podemos ofrecer a las personas que se encuentran en diferentes recursos una ocupación útil del tiempo, un apoyo psicosocial, la estabilización de los tratamientos médicos, la creación de vínculos. Desde él podemos iniciar procesos con las personas que están en situación de calle. Desde él, también podemos comenzar las relaciones con los servicios de salud mental y la creación de redes.

Tras todo este proceso, con mucha ilusión y alegría, el  27 de septiembre de 2017, inauguramos el Centro de Día del Proyecto Ranquines. No podía existir una fecha más apropiada para nosotros, vicencianos, además de encontrarnos en la celebración de los 400 años del Carisma Vicenciano. Ahora soñamos poder acompañar a estas personas que sufren la enfermedad mental y la exclusión de la mejor forma posible.

Francisco Berbegal Vázquez, CM

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